lunes, 24 de marzo de 2014

Manuel de Terán Troyano, pedagogo excepcional

Abandonó su pasión por la naturaleza y por los estudios forestales por la que fue su otra gran pasión, la que acabó estructurando y dando sentido pleno a su vida: la docencia. 

Hijo del que fuera maestro de geógrafos Manuel de Terán, y de quien ejerciera como maestra en el Instituto Escuela, Fernanda Troyano de los Ríos, y sobrinonieto de Fernando de los Ríos, por las venas de Manuel Terán Troyano (Madrid, 1933), fallecido el pasado martes en su ciudad natal, circulaba sin duda lo mejor de nuestra mejor tradición pedagógica y liberal. Si su padre fue uno de los preceptores del actual Rey, a él le cupo la responsabilidad —y el honor— de dirigir el centro escolar (Santa María de los Rosales) en que cursó sus estudios el ahora Príncipe de Asturias. No deja de ser significativo que en años tan turbulentos y complejos como los de nuestra transición a la democracia la familia real escogiera para la educación del heredero de la Corona precisamente un centro con tan claras e inequívocas señas de identidad ideológico-educativas. Y, sin duda, en la elección debió pesar la propia personalidad de Manuel, que irradiaba una fe en su propuesta pedagógica y un entusiasmo en su propósito de llevarla a cabo que resultaban infaliblemente contagiosos.

Ideario educativo

Tan fiel a sus creencias como profundamente respetuoso con las ajenas, siempre generoso y gentil con su tiempo y sus ideas, supo hacerse respetar, admirar y, sobre todo, querer por cuantos le trataron. Jaime y Jesús de la Serna, dos de sus más fraternales amigos, lograron convencerle para que en el diario Informaciones, que dirigía el segundo, publicara una serie de artículos en los que fue exponiendo su ideario pedagógico. Eran los años posteriores a la famosa Ley de Educación de Díez-Hochleitner, otra gran figura de nuestra reciente historia pedagógica. Pero ni los de la Serna ni nadie lograron nunca convencerle de que reuniese esos escritos en un librito, a modo de testimonio o legado. No les concedía mayor importancia. Lo que para muchos supuso una auténtica puerta hacia una nueva forma más moderna y abierta, genuinamente liberal y enriquecedora, de entender la pedagogía, a él le parecía una obviedad, algo de sentido común.
Ha llevado su dura y muy dolorosa enfermedad final con la entereza, elegancia y alegría con que supo conducir su vida despidiéndose uno a uno de sus seres queridos, confortándoles y agradeciéndoles el haber podido compartir con ellos su vida.

domingo, 23 de marzo de 2014

Mejores Profesores: La asignatura pendiente en Latinoamerica



En un mundo donde las tendencias educativas se están alejando de la memorización tradicional para enfocarse cada vez más en la resolución de problemas o en aprendizaje duradero, la necesidad de contar con profesores capacitados es más apremiante que nunca.
Se calcula que en Latinoamérica aproximadamente el 85% de los alumnos en educación primaria y secundaria acuden a centros públicos, hecho que otorga aún más importancia al papel de los docentes en la formación de la fuerza laboral del futuro. Según un estudio del Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL), organismo vinculado a la OEI y la UNESCO publicado el año pasado, más del 97% de todos los niños de 7 a 12 años de la región van al colegio (dos puntos más que en 2000), y más del 83% de los adolescentes de 13 a 17 (seis puntos más).
Entre las medidas más efectivas que pueden ayudar a mejorar el nivel de los profesores están “hacer más selectivo el proceso de reclutamiento de profesores, crear sistemas de evaluación y de formación continuada y personalizada o asignar profesores a escuelas con necesidades especiales”, explica Barbara Bruns, experta en educación del Banco Mundial.
En cuanto a la educación superior, si bien el nivel educativo promedio de los latinoamericanos aumentó en aproximadamente tres años en la última década en parte gracias al mayor acceso a la universidad, los sistemas educativos siguen incidiendo en recursos educativos tradicionales y descartando, por ejemplo, las habilidades socioemocionales o el uso de nuevas herramientas didácticas.
Esto está provocando que en algunos sectores -como el de las nuevas tecnologías- en ocasiones tengan dificultades para encontrar a profesionales recién salidos de la universidad capacitados para desarrollar una determinada tarea.
Esta realidad evidencia que docentes, funcionarios y los propios alumnos, no siempre están al corriente del tipo de habilidades que demanda el mercado, y eso provoca que la educación se enfoque casi exclusivamente en criterios académicos.

lunes, 10 de marzo de 2014

Cine, pedagogía y espagueti



La relación entre cine y novela ha sido siempre simbiótica. Desde sus mismos orígenes el séptimo arte recurrió a la novela para contar en imágenes historias inmortales. Y esas imágenes en movimiento —primero silentes y sincopadas— inflamaron desde el principio la imaginación de los novelistas. Existía, sin embargo, una pequeña diferencia: a principios del siglo XX, mientras el cine todavía estaba efectuando el viaje desde la barraca de feria a la industria del entretenimiento, los novelistas ya dominaban la técnica de contar historias con palabras.
 El cine aprendería pronto a hacer lo mismo con el lenguaje que le es propio, pero en esos primeros años predominaba el balbuceo. Las novelas también lo reflejaron, claro. Recuerdo aquella escena de La Montaña Mágica (publicada en 1924, pero iniciada en 1912) en que Hans Castorp y su primo Joachim llevan a la tuberculosa Karen Karstedt a ver una película (silente) al cine de Davos Platz, cuya atmósfera viciada, tan distinta al aire puro de las alturas, encuentran, sin embargo, vibrante de vitalidad: “cientos de imágenes, de fugacísimos momentos, centelleaban, se sucedían, permanecían trémulos en el aire y se apresuraban a desaparecer sobre la pantalla” (traducción de Isabel García Adánez). La magia del cine descrita por el novelista Thomas Mann: comunión de imágenes y receptores, de no-vidas luminosas (las de la pantalla), convertidas repentinamente en vidas, y de vidas (las de los espectadores) que permanecían temporalmente en suspenso, fascinadas por aquellas otras que parecían más reales. Pero el cine —permeabilizado por toda la historia del siglo XX y de lo que va del XXI— también sirve para la pedagogía. Ahí tienen, por ejemplo, Cuando las películas votan (Catarata), un interesante reader coordinado por Pablo Iglesias Turrión en el que dieciocho especialistas en ciencias sociales utilizan otras tantas películas para ilustrar o comentar importantes cuestiones de sociología o ciencia política. Así, por ejemplo, Espartaco (Kubrick) sirve para analizar la revolución; Lawrence de Arabia (Lean), el liderazgo; Mad Men, la serie de Matthew Weiner, el feminismo; Blade Runner (Scott), la alienación; y La estrategia del caracol (Cabrera), la acción colectiva. Un libro para estudiantes y profesores a partir de las historias que cuentan las películas. Con bibliografía y filmografía adicionales para los que deseen profundizar.

Espagueti
Avalancha de libros en torno a la gastronomía, la dietética y las artes culinarias. No es de extrañar: entre los más vendidos de no-ficción figuran, por ejemplo, La enzima prodigiosa (Aguilar), de Hiromi Shinya, y dos libros “mediáticos”: Masterchef, las mejores recetas (Espasa) y Pesadilla en la cocina, de Alberto Chicote (Temas de Hoy), productos secundarios de sendos programas de televisión de gran audiencia. La tele lleva mucho tiempo funcionando como “editor” indirecto de obras de tema culinario: ahí tienen, por ejemplo, el sostenido éxito de la saga de libros de Sergio Fernández y Mariló Montero, que están funcionando como auténticas gallinas de los huevos de oro para dos editoriales de Planeta (Temas de Hoy y Espasa): y tienen para rato (y para más libros de recetas), si tenemos en cuenta que su programa matinal en la primera cadena sigue siendo uno de los más vistos por la audiencia, que saliva a esas horas tardías de la mañana con los platillos que preparan en directo. A juzgar por el boom gastronómico televisivo y libresco, se diría que nos ha entrado una auténtica fiebre por “comer bien”, algo que en la mayoría de las casas se venía haciendo de toda la vida. En todo caso, para la rentrée se anuncian muchos más, entre los que selecciono Cocina conmigo (Grijalbo), del también mediático chef escocés Gordon Ramsay, La cocina del bienestar: nutrigenómica (Crítica), de José María Ordovás, y El arte de la cocina francesa (Mondadori), de Julia Child, la célebre chef estadounidense que trabajó durante años en el parisino Le cordon bleu y, de regreso a EE UU, hizo un programa de televisión en el que enseñó a sus compatriotas que había vida más allá de la comida rápida; Meryl Streep interpretó su personaje en la película de Nora Ephron Julie y Julia (2009). Por lo demás, el libro en torno a las cosas de la cocina que más me ha interesado últimamente es La importancia del tenedor (Turner), de Bee Wilson, una entretenidísima historia de los utensilios y artilugios que usamos para preparar la comida y llevárnosla a la boca. Claro que hay quien desafía todas las normas: compruébenlo en YouTube con el hilarante fragmento (Spaghetti) en que Roscoe “Fatty” Arbuckle y Buster Keaton la emprenden con sendos platos de fideos italianos. La escena pertenece a la película The Cook (1917) y, créanme, son dos minutos y cuarenta y cinco segundos de memorable humor silente.

Revolución
Los de abajo, la primera gran novela de la Revolución mexicana, obra del villista Mariano Azuela, se publicó por entregas en 1915, cuando el incendio político y social que acabó con el Porfiriato estaba todavía lejos de extinguirse. En un momento dado de la narración, uno de sus personajes pronuncia una frase que expresa la fascinación que aquella revolución ejerció en buena parte de quienes la vivieron: “Amo la Revolución aun en su misma barbarie”. En la Royal Academy londinense, que hace diez años programó la estupenda exposición Aztecs, puede verse hasta el 26 de septiembre la muestra Mexico, A Revolution in Art, 1910-1940, que se centra en el renacimiento artístico experimentado por el arte mexicano, así como en la atracción que el proceso y las fases de la revolución ejercieron sobre muchos intelectuales y artistas extranjeros, como André Breton, Josef Albers, Edward Burra y otros. Turner ha publicado México, la revolución del arte, 1910-1940, que es la versión castellana del libro que acompaña a la muestra y que recoge los textos de su comisario, Adrian Locke, y un conjunto de magníficas ilustraciones que proporcionan una singular panorámica de la evolución del arte mexicano durante ese periodo crucial que en el terreno artístico coincide con la eclosión del modernismo. Desde los grandes muralistas —Rivera, Orozco, Siqueiros— a pintores inclasificables como Frida Kahlo o Francisco Goitia, los grandes artistas del momento ilustraron e interpretaron aquella revolución, alentados a menudo por los programas estatales para difundir los ideales del nuevo régimen. Una revolución que, además, tiene el mérito de ser la primera en haber sido totalmente documentada por la fotografía: desde las espeluznantes imágenes de ejecuciones callejeras de Walter Horne a los retratos de gentes anónimas de Paul Strand, el libro y la muestra ofrecen una excelente selección de las placas de Tina Modotti y de su compañero Edward Weston, de Cartier Bresson, Robert Capa o el joven fotógrafo y coleccionista Manuel Álvarez Bravo. Turner también ha publicado recientemente, en coedición con el Colegio de México, la Nueva historia mínima de México, sin duda la mejor introducción al pasado de ese país inagotable.

lunes, 3 de marzo de 2014

La involución de la enseñanza





En lugar de espacios para la invención y la creatividad, la escuela se concibe como una fábrica y la universidad como una empresa

En las últimas décadas se ha producido una transformación de las coordenadas de la enseñanza, tanto primaria y secundaria como universitaria. De la voluntad de transmitir una cultura conceptualizadora y crítica se ha ido pasando a una formación pragmática, pensada para ser útil al sistema productivo. En lugar de ser espacios para la invención y la creatividad, donde desarrollar el derecho a conocer y la inteligencia social, el colegio se ha convertido en una fábrica y la universidad, en una empresa. Nos alejamos de un pasado trazado por magníficos pedagogos. Cataluña fue la tierra de Francesc Ferrer i Guàrdia, fundador de l'Escola Moderna, Josep Estalella, creador de l'Institut Escola, Rosa Sensat, primera directora de l'Escola del Bosc, Marta Mata promotora de l'Associació de Mestres Rosa Sensat, que renovó la pedagogía en los años sesenta, y muchas otras experiencias que han potenciado métodos basados en la escuela activa y libre. También en otras épocas ha existido una arquitectura escolar y universitaria con espacios pensados para las innovaciones pedagógicas, como las escuelas que en los años sesenta proyectaron Martorell, Bohigas y Mackay, articuladas entorno a un gran espacio polifuncional.
Escuelas y universidades deberían ser focos para fomentar el talento y la creatividad, de donde salieran personajes como Steve Jobs, cofundador de Apple, Muhammad Yunus, promotor de los microcréditos en Bangladesh, Vandana Shiva, impulsora de cooperativas agrarias de mujeres, o muchos otros, como los inventores de diseños innovadores para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables. Debería ser un lugar para fomentar la inteligencia creadora y colectiva, tal como la ha definido José Antonio Marina. Es decir, saber pensar para poner en marcha nuevos procesos para que las personas se relacionen y autoorganicen para mejorar el mundo.
Sin embargo, hoy se reducen espacios, se recortan los medios, se suprimen becas, se bajan sueldos, se suben las tarifas de las matrículas, aumentan los estudiantes por aula, escalamos posiciones en el porcentaje de abandono escolar y seguimos por debajo de la media de la OCDE según el informe PISA. Todo ello se produce en un contexto en el que las universidades europeas se ven obligadas a desarrollar el Espacio Europeo de Enseñanza Superior, definido por el Plan de Bolonia, con unos recursos económicos muy inferiores a los previstos.
“La ideología neoliberal tiene uno de sus principios clave en el control de la educación: el objetivo es fomentar unas élites, prioritariamente masculinas”

Este adelgazamiento de la educación pública se produce en relación con el empobrecimiento de las salidas laborales: para los jóvenes hoy las posibilidades son el subempleo, el paro o la emigración. Y es que la ideología neoliberal tiene uno de sus principios clave en el control de la educación: el objetivo es fomentar unas élites, prioritariamente masculinas, para dirigir las grandes empresas, bancos e instituciones; adoctrinar a unas capas técnicas muy especializadas, dedicadas a fortalecer el buen funcionamiento de la máquina capitalista, desde la investigación aplicada, las nuevas tecnologías, la comunicación, la informática o la publicidad; reducir los sectores dedicados al arte y al pensamiento, creativos, imaginativos y críticos, a su mínima expresión, forzándolos a integrarse en las industrias culturales; y mantener un alto porcentaje, de más de la mitad de la población laboral, con una baja cualificación, una reserva de currantes disponibles para cualquier trabajo. Estamos lejos de una situación basada en la responsabilidad de unas clases técnicas, de ingenieros, arquitectos y diseñadores, poseedores de los conocimientos y dedicados a una tecnología liberadora y socializante.
Y es en este panorama que se explica la política del ministro Wert, con la impopular LOMCE: se considera que las escuelas y las universidades públicas son aún demasiado buenas; tienen aún excelentes profesores, que se incentiva que se jubilen, eso sí, evitando que sus plazas sirvan para el relevo generacional; y se fomentan unos estudiantes dóciles y pasivos, profesionales en el regateo de notas y el mínimo esfuerzo.

Se considera que la universidad no puede ser el lugar de un pensamiento libre de las presiones del mercado y que ha de homogeneizarse y españolizarse: existe aún demasiada capacidad crítica en la educación, especialmente visible entre los niños y niñas catalanes, tan respondones, y entre el profesorado de las islas Baleares, que reivindica la lengua catalana. Para ello la receta que se impone es esta involución en la enseñanza, que intenta desacreditar y romper la cadena esencial del aprendizaje humano en toda sociedad: la posición activa de los estudiantes y la generosidad de maestros y maestras, de profesores y profesoras al transmitir el saber y la curiosidad para leer, investigar, indagar y descubrir el mundo, potenciando una ciudadanía activa y crítica y reforzando unas mentes que imaginen otras posibilidades. Con ello no solo se está hipotecando el futuro de unas generaciones, sino el de todo el país.